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martes, 4 de marzo de 2008

La nueva película de Amenábar se titulará "Agora"

El nuevo y esperadísimo proyecto de Alejandro Amenábar sigue dando que hablar. Parece que el director español se ha pensado mejor el título inicial del film, que iba a ser "Mists of Time" ("Brumas del tiempo"), y ha decidido cambiarlo por el de "Agora", un término griego que designa al lugar donde se realizaban todas las actividades comerciales, sociales y políticas, en resumen, el centro neurálgico de la vida en las polis de la Antigua Grecia.
Un cambio que entronca perfectamente con la trama de la película que nos trasladará hasta el Egipto helenístico donde un esclavo, Orestes, busca convertirse al cristianismo, para poder alcanzar su libertad y lograr enamorar a su dueña, una filósofa llamada Hypatia.
Cambios de título al margen, el film de Amenábar también es noticia porque una nueva cara se ha unido a su reparto. Se trata, según una información publicada por "The Hollywood Reporter" recogida por otr/press, de Nomayoun Ershadi, un veterano actor iraní que protagonizó la aclamada "El sabor de las cerezas", ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes en 1997, al que también podremos ver en "Cometas en el cielo" de Marc Forster, que se estrenará en una semanas en nuestro país.
Ershadi se suma así un elenco variopinto encabezado por la oscarizada Rachel Weisz ("El jardinero fiel") y en el que también están el israelí Ashraf Barhom ("La sombra del reino", "Paradise Now") y Oscar Isaac, San José en "Natividad". El nuevo proyecto de Amenábar comenzará a rodarse este mes en Malta íntegramente en inglés y cuenta con 50 millones de euros de presupuesto.
"Agora" es un drama histórico que mezclará aventuras y romance a partes iguales, todo ello con el conflicto entre la fe y el laicismo de fondo. El guión, obra del propio Amenábar, relatará la historia de Orestes (Isaac), un esclavo que se aferra a la nueva doctrina religiosa con la esperanza de hallar en ella las aspiraciones de libertad que tanto ansía. Un hombre que se debate entre los deseos de libertad y el desenfrenado amor que siente por su maestra y ama, Hypatia, una atea profesora de filosofía, a la que dará vida Weisz. El estreno de "Agora" no está previsto hasta bien entrado el 2009.

lunes, 3 de marzo de 2008

CULTURA DE ESPAÑA

Los toros son una de las tradiciones españolas más conocidas en todo el mundo, aunque al mismo tiempo una de las más polémicas.

Esta fiesta no existiría si no existiese el toro bravo. El origen de esta raza de toros la encontramos en el primitivo urus o bos que no habitó exclusivamente en España, pero sí es en este país donde encontró su preferido asentamiento; conservandose hasta nuestros días. En otras regiones, donde también había habitado en tiempos muy remotos, terminó siendo una especie exterminada, por considerarse una variedad zoológica arcaica.

Ya en la Biblia encontramos referencias al sacrificio de toros bravos en holocausto de la divina justicia, considerándose al toro como símbolo de fortaleza, fiereza y acometividad. Y de este modo encontramos igualmente referencias a los holocaustos religiosos que celebraban los íberos. En ellos sacrificaban a los toros bravos desafiándoles en espectáculos públicos. Otro importante precedente histórico se considera a los ejercicios de la caza del uro en la que se dieron los primeros enfrentamientos, en ellos, más importante que la propia fuerza física, eran la habilidad y destreza. Es quizás en estas tradiciones tan antiguas donde podemos encontrar el origen de las corridas de toros.

Se ha considerado frecuentemente que el origen de la Plaza, Redondel o Coso, como queramos denominarlo, se encuentra en el circo romano. Sin embargo parece aún más cierto que se remonta a épocas mucho más antiguas, ya que los templos celtibéricos, donde se celebraban sacrificios de reses bravas en honor de sus dioses tenían esta forma. Podemos aún visitar los restos de un templo de estas características en la provincia de Soria, cerca de Numancia, donde existen evidencias de la celebración de estos ritos.

No es sin embargo menos cierto que la influencia grecorromana con su afición por el circo, tuvo una gran importancia en el sentido de acentuar el carácter de espectáculo y hacer desaparecer el papel que ocupaba como rito y holocausto religioso. Siendo por ello esta ficción circense otro precedente de nuestras corridas de toros.

La única excepción histórica a la continuidad hispana en la celebración de las corridas de toros y en su afición a la misma la encontramos en la España musulmana, donde se prohibieron tales celebraciones por considerarse abominables. Sin embargo la España medieval mantiene el espectáculo, si bien de otro modo, como un deporte de la nobleza. El señor feudal, a lomos de un caballo y armado con una larga caña, a modo de lanza, mantendría una lucha contra el toro bravo, demostrando en ella su habilidad y dotes de buen caballista. A esta denominada suerte de cañas se considera el precedente más directo de lo que es hoy el rejoneo. Con ello nos resulta hoy una curiosidad histórica que el insigne rejoneador Antonio Cañero, al que se llamó el padre del rejoneo moderno, ya en su apellido portara tal referencia.

Las corridas de toros como hoy las conocemos nacen en el siglo XVIII, cuando la nobleza abandona el toreo a caballo y la plebe comienza a hacerlo a pie, demostrando su valor y destreza. Así se lee en crónicas de la época como un deporte elitista se convierte en plebeyo. Al principio no existían tercios, orden ni reglas en las cuadrillas. Es Francisco Romero el primer diestro que pone orden a la fiesta y el creador de la muleta tal y como hoy la conocemos.

España cuenta con un gran número de aficionados a las corridas de toros. Estos consideran la corrida como un bello espectáculo, un Arte y una manifestación de cultura ancestral que ha sobrevivido hasta nuestros días, al igual que el toro bravo. Y muy al contrario de lo que muchos piensan, no encuentran el placer en la tortura o en la pura muerte del toro, sino que lo que realmente aprecian es el valor y destreza del torero. El público se concentra en el torero, al que se le aplauden los más artísticos movimientos en momentos en los que cualquier individuo, frente a un toro, no tendría más deseo que abandonar las formas y "salir corriendo".